Las fases más comúnmente aceptadas son las descritas por Grande-Gosende et al. (2020), aunque el orden y duración de cada una de las cuatro fases no están claramente establecidos .
Fase de ganancia: la persona se inicia con el juego con cierta regularidad, apareciendo las primeras experiencias que derivan en conductas emocionantes y de excitación.
Fase de pérdida: la continuidad y aumento de conducta “jugadora” va derivando en mayor número de pérdidas, convirtiéndose en una retroalimentación, que aumenta la conducta de juego para incrementar las ganancias y recuperar lo perdido, lo que desemboca en mayores pérdidas.
Fase de desesperación: es en esta etapa en la que propiamente se inicia la patología. Esta fase está caracterizada por la pérdida de control, en la que surgen problemas relacionados con el entorno de la persona y que provocan distanciamiento social y descontrol en la situación personal.
Fase de abandono: en esta etapa aparecen sentimientos y creencias contradictorios, sintiéndose la persona indefensa e incapaz de dejar el juego y percibiendo que depende del juego y no lo puede abandonar.
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